miércoles, 16 de septiembre de 2009

Noche nevada en Creel

Ocurrió durante nuestro viaje a la Barranca del Cobre en Chihuahua, México. La Sierra Tarahumara nos había dado ya una helada y grata noche de año nuevo, nos había mostrado caminos tarahumaras, paisajes que invitan a la meditación... Nuestros amigos italianos que conocimos en el Chepe, el tren que nos llevó al poblado de Creel, habían ya terminado su aventura aquí y habían partido rumbo a Chacahua, en el sureño estado de Oaxaca.



Un gran amigo de toda la vida y yo caminábamos por las calles de Creel. Pequeños establecimientos de comida y artesanías, algún lugar donde hospedarse... nuestros pasos continuaban y comenzaban a caer pequeños copos de nieve sobre los coches estacionados.

Llegamos a un pequeño bar. Había apenas algunas personas. Tomamos una mesa y pedimos unas cervezas. Comenzamos a platicar, a filosofar. Fue una de esas charlas donde no hay prisa, donde se habla abiertamente, donde hay consejos de amigos, de hermanos. Después de algunas horas, dejábamos aquel bar, para encontrarnos con algo fascinante: ¡todo Creel era blanco!



Así es, mientras nosotros platicábamos, la nieve se había encargado de cubrir calles, árboles y todo lo que ahí se encontraba y seguía aún haciéndolo. Considerando que donde nosotros vivimos no cae nieve, si acaso una vez por siglo, este espectáculo fue extasiante.



Esta alegría interna nos transformaba en niños a medida que caminábamos. Extrañamente para nosotros las calles estaban desiertas. ¿Cómo podían los demás visitantes estar durmiendo cuando afuera todo era perfecto? Calles impecablemente cubiertas de blanco, sin huellas aún y llenas de magia.

Comenzamos a tomarnos fotos, a correr, a lanzarnos bolas de nieve y a reír. Ni de niño imaginé que algún día jugaría de esa manera en la nieve y en mi propio país. Corrí por la plaza principal y me lancé al suelo revolcándome en la nieve. ¡Ah, qué momento tan maravilloso!



De repente, los motores de una camioneta se escucharon. Cada vez más fuerte era el ruido hasta que llegó a la zona en que nos encontrábamos. La camioneta tomó velocidad y entonces giró bruscamente, derrapándose en la nieve y girando. Sí, había otros locos más que decidieron aprovechar la ocasión para divertirse y jugar. Así como llegaron, se retiraron.

Poco después decidimos ir a descansar para al día siguiente emprender nuestro camino a Divisadero. Aquella noche nevada en Creel terminaba ahí, pero aún sigue viva y vigente en mis recuerdos.


¿Dónde está?


Ver mapa más grande


¿Cómo llegar?

Desde Los Mochis tomar el Chepe (tren Chihuahua Pacífico) y bajar en Creel. Se parte en la mañana y se llega en la tarde o noche.

Desde Chihuahua se puede tomar también el Chepe o bien tomar un camión.


Algunos consejos

Personalmente recomiendo tomar el Chepe desde Los Mochis. Hay primera y segunda clase. La segunda clase es bastante decente y el precio es mucho menor. Hay que tomar en cuenta que sólo hay una salida por cada clase al día, así que hay que estar muy temprano para conseguir los boletos. Los asientos del lado derecho tienen mejor vista. Como en cualquier tren, no es una mala idea llevar comida propia.

Mi sugerencia es ir a finales de diciembre o principios de enero, que es cuando más posibilidades hay de encontrar el pueblo nevado.


Para saber más...

Creel en la Wikipedia